"EL PIANO"
*Poema compuesto el 30 de Agosto de 2018, en Madrid.
Empecé a tocarlo muy temprano,
al principio con una sola mano.
Todo empezó en el ochenta y siete, aquel verano
en que papá me regaló mi piano.
Cuando estudiaba debía ir al grano,
ejercitar los dedos con escalas y algún arpegio;
luego, además, los deberes del colegio
y jugar al tenis y correr, que es sano.
"Has de practicar como un enano
al menos dos o tres horas al día"
-mi profesora habitualmente me decía-
"pues si no eres constante el esfuerzo es vano".
Prefería jugar con mi hermano
aquellas tardes estivales al ajedrez;
no se puede hacer todo a la vez,
como no tengo mal perder, yo tocando más gano.
Bach, Mozart, Mendelssohn, Beethoven,
Debussy y su "Deux Arabèsques";
seguramente mi buena memoria refresques
recordando todo aquello que tocaba de joven.
Centro de atención en momentos familiares,
a menudo entre queso y jamón serrano;
pero siempre inspirándome, confidente y cercano,
en mis divagaciones, a veces tan singulares.
Ahora que, poco a poco, voy teniendo el pelo cano,
volveré a apegarme a ti, confesor y amigo;
pues tú también te mereces aquello de "siempre contigo",
tocarte y escucharte anhelo, cual mi amor, mi piano.
"EL VIOLÍN"
*Poema compuesto el 31 de Agosto de 2018, en Madrid.
Saber tañerlo bien es saber latín,
tener buen oído y buena destreza;
el músico con su recital empieza
haciendo sonar su viejo violín.
El arco se desliza entre las cuerdas
y el mástil mientras él los dedos mueve.
Tú lo mismo hacías a los nueve,
eras un niño y ya no te acuerdas.
Cuando calla, su color caoba carmín
se adueña de la quietud del momento;
cuando habla entre sus manos, el viento
de sus sonidos inunda como aroma de jazmín.
Alegres y jocosas esas notas,
todas fluyen gráciles en el ambiente,
mas de ninguna rehuye el oyente,
unas más cercanas, otras más remotas.
Vivaldi te entristeció en el invierno
de sus estaciones, las cuatro tan tuyas,
mas no por ello tu voz disminuyas,
pues apagarse ella, no es hacerlo el infierno.
No se esconde la lámpara bajo el celemín,
bien los ángeles del cielo lo saben;
no es extraño, pues, que a Dios alaben
contigo y sus liras cualquier Querubín.
Este poema llega ya a su fin,
gracias por haberlo escuchado te doy,
pero más te agradecería que hoy
escucharas, como ayer, el viejo violín.
"LA GUITARRA"
*Poema compuesto el 1 de Septiembre de 2018, en Madrid.
Con ella pareces todo un macarra,
¿por qué no me enseñas cómo se toca?,
te voy a dejar abierta la boca
cuando me veas tocar la guitarra.
A veces me confundo con los acordes,
necesito alguien que me los explique,
no sea que contigo yo me pique,
pues profesor eres, pero de los bordes.
Su música infunde sosiego al alma,
quien sus cuerdas pulsa se llena de paz
y alrededor muestra su mejor faz,
inundándolo todo de gran calma.
En la noche tu sonido encanta,
susurrando suaves y tenues melodías,
casi tan bonitas como las mías
cuando canto y mi espíritu se levanta.
Entre jóvenes coros religiosos
de la Iglesia sueles estar presente;
animas el corazón de la gente
con tus acompañamientos preciosos.
En mi última visita a Navarra
te llevé conmigo en mi equipaje;
aun hasta el País Vasco te traje,
y me dabas el aspecto de un etarra.
Amigo, no te subas a la parra,
ya termina este musical viaje;
una vez que del coche yo me baje
me oirás de nuevo tocar la guitarra.
"LA FLAUTA"
*Compuesto el 4 de Septiembre de 2018, en Torrijos.
De pequeño quería ser astronauta,
eso le dije a mi madre un día;
y aunque pensé que nunca bien lo haría,
a los siete empecé a tocar la flauta.
Llevaba seis meses con el solfeo,
las notas musicales dominaba;
y aunque al principio vergüenza me daba,
terminé cantando mejor que leo.
Era el verano del ochenta y seis,
jugueteando por casa estaba,
cuando un buen día mi vista hallaba
el instrumento que ya conocéis.
Poco a poco y de forma cauta,
aire insuflaba por su orificio;
y así, probando, como buen novicio,
vi que, de pronto, sonaba la flauta.
Y no sonaba de cualquier manera,
sino que al oído resultaba grato;
autodidacta, niño y novato,
yo de músico tenía madera.
Era la mía dulce, no travesera,
cómo disfrutaba tocando a oído;
quién, si no Jorge, podía haber sido,
esto no lo hace un niño cualquiera.
Y así, jugando, y siguiendo mi pauta,
pasaban los días de aquel verano;
y en Benidorm, este buen toledano,
músico ya, hacía sonar la flauta.